domingo, 17 de febrero de 2013

República o Barbarie






El hombre ha experimentado mucho
Nombrado a muchos celestes,
desde que somos un diálogo
y podemos oír unos de otros
Hölderlin



Me preocupa el creciente cercenamiento de libertades al que se somete al pueblo argentino ante la mirada pasiva de universidades, empresas y otras instituciones. Nadie parece animarse a tomar una posición o emitir una opinión institucional pero tampoco lo hacen -a título personal- los empresarios, intelectuales e industriales de carne y hueso. Ésa falta de compromiso, ésa suerte de cobardía política los convierte en cómplices antes que en víctimas. No es el caso de Negocios Inmobiliarios, que aquí fija hoy su postura.

Creo que Libertad es la capacidad de elegir y de obrar según la propia voluntad.
Sólo es libre quien puede elegir, es decir quien puede decidir, distinguiendo entre distintas opciones, realizar juicios de valor entre lo mejor, lo peor, lo bueno y lo  malo y prever las consecuencias de los hechos. Quien no tiene capacidad de discernimiento o libre albedrío nunca podrá elegir y sólo seguirá las modas o acatará lo que el sistema o el poder de turno le manden. De allí que el hombre ignorante nunca sea libre, parafraseando la  histórica sentencia de un ilustre miembro de nuestra América podría afirmarse que más daño que el colonialismo nos ha hecho nuestra propia ignorancia.[1] Para los romanos  Liber y Libera (sus equivalentes de los griegos Ariadna y Dionisos) de donde proviene el vocablo Libertad, eran los dioses de la virilidad y del juego de la vida. Nótese que en  el origen de la idea o concepto greco-romano de libertad, el dios de la libertad es también el de la virilidad.  Sin libertad no se puede crear pero tampoco pro-crear.
La libertad se defiende con tolerancia a las voces diferentes, con altruismo político a la hora de los renunciamientos pero también con la firmeza del mazo ante las aventuras autoritarias. Más allá de si somos el zoon politikon del estagirita o el bípedo implume del fundador de la academia lo cierto es que el hombre es un ser gregario que vive en comunidad. Y lo que  vale para los hombres individualmente, vale -mutatis mutandis- para un conjunto de hombres, la sociedad. Así una sociedad que descuide la formación de sus miembros o que carezca de ilustración no alcanzará estándares de calidad institucional. Y será incapaz de proveerse de alimentos o de producirlos, de proveerse de energía o producirla,  de proveerse de tecnología o producirla, en suma, será incapaz de alcanzar el desarrollo. Incluso una sociedad avanzada que no ponga su mayor empeño en invertir en ciencia y tecnología no podrá mantener el mismo grado de desarrollo tecnológico dentro de veinte años. (Hoy América Latina y el Caribe condensan el 10 % de la población mundial pero contribuyen sólo con el 3% a la producción científica, y de ése 3% más del cincuenta por ciento es aportado por Brasil)
Entiendo Sociedad  a la manera Bungeana[2] como un supersistema integrado por los siguientes subsistemas a) Un subsistema político compuesto por el conjunto de normas, tratados, leyes y formas de gobierno que los hombres de un determinado territorio se han dado para sí. b) Un subsistema económico compuesto por las fuerzas productivas y las relacionadas con el trabajo, el capital y la generación de riqueza dentro de ése territorio, c) un subsistema cultural compuesto por la lengua, las instituciones educativas, las académicas y la producción de actividades culturales, d) un subsistema biológico caracterizado por los lazos de parentesco o de sangre entre los miembros, las relaciones amistad y vecindad, la salud de la población etc.

Todos son importantes, y de de acuerdo a su relación de fuerzas habrá  democracias sindicales, social democracias, democracias liberales, democracias capitalistas o democracias socialistas.  (Ej. Si de la relación armónica de fuerzas se destaca la clase obrera y sus reivindicaciones en la participación de la renta nacional habrá social democracia, si sobresalen los emprendedores y amantes de la libre empresa habrá una democracia liberal etc.)
Siendo las sociedades sistemas  dinámicos, como tales mutan en el tiempo, pudiendo degenerar en autocracias, tiranías o dictaduras, es allí donde se rompe el equilibrio entre los subsistemas, la relación armónica de fuerzas, y el resultado a lo largo de la historia ha sido siempre el mismo, el atraso y el subdesarrollo. Ya lo decía Kant al afirmar que las monarquías eran más propensas a la guerra porque en ellas el soberano consideraba que el estado era de su propiedad[3]. Pero esta apropiación del estado no es privativa de las monarquías, como lo atestiguan  la Atenas de Pericles, la Francia de la Postrevolución o la Rusia de Stalin y esto por no mencionar ejemplos domésticos. Una democracia -y por tanto las Libertades- está en peligro cuando el subsistema político o el económico están por encima de los demás.
  Si sobresale el político se debilitan los derechos ciudadanos al par que se descuidan el educativo y el económico con el agravante de que estos  son los generadores de riqueza de una sociedad. Si prevalece el económico se corre el peligro de debilitar los derechos de los consumidores y del estado mismo al no poder hacer frente a prácticas monopólicas o cayendo rehén del mundo financiero. Un estado justo debe por tanto respetar las normas, ejercer la Justicia sin mirar a quien, solidificar las instituciones, mantener la división de poderes, trabajar por la alternancia y combatir los monopolios, y dentro de ellos, al más injusto y peligroso de todos: el monopolio estatal. En la ex URSS los intelectuales fueron factor del cambio pacífico y democrático, aquí en cambio los intelectuales han hecho elogio de la violencia revolucionaria.

Vine a este mundo en la década del ´70 es decir abrí los ojos en un país regido por ideas de violencia. Y empecé a pensar en términos políticos durante la batalla del Atlántico Sur el retorno de la democracia y poco tiempo después con la Glasnost la Perestroika y la caída del muro. Reagan, Tatcher, y Gorbachov no me fueron ajenos, tampoco la apoteosis de la ex Yugoslavia. Por entonces abracé el nacionalismo, ideas que al poco tiempo deseché y mi cuerpo se convirtió en un laboratorio de incesantes ensayos y propuestas políticas, las que no tardaron en volverse públicas.

En las naciones desarrolladas las fuerzas electorales renuncian al monopolio político y procuran modernizarse, aquí hay un partido que con su constante mimetización con el gobierno es obstáculo permanente de modernización, de la misma manera que lo son la  izquierda arcaica y la derecha reaccionaria. El resto de los partidos han intentado renovarse pero  ninguno ha sabido llegar a la ciudadanía.  Nuestras fuerzas políticas vieron pasar de largo la modernidad.  Sin embargo los hechos acaecidos en los últimos años  que tienen como protagonistas al pueblo en su conjunto: la primavera árabe, la resistencia del pueblo griego, (la revolución pacífica de Islandia) nos inspiran admiración y nos infunden esperanzas que habíamos perdido.  Somos testigos de la crisis de representatividad de las democracias occidentales y probablemente de su desaparición tal y como las conocemos, pero es imposible saber cuáles instituciones políticas o económicas reemplazarán las actuales. Muy pocas veces la historia es lineal todo aquel que la haya frecuentado sabe que ésta es imprevisible y  gusta del azar y la contingencia. Pero tras marchas y contramarchas a lo largo de milenios, si hay un sentido, ése parece ser la expansión del Ideal de Libertad Humana, y Defender la democracia es defender la Libertad y el pluralismo, no hacerlo, no sólo es un error intelectual y político, sino además una falta moral. Porque la Libertad, el pluralismo, la “Democracia son antes que nada diálogo, y el diálogo abre las puertas a la paz”[4], y dentro de ella, la paz social.


 Rubén Ferradás Campos



[1] Simón Bolivar, Discurso Ante el Congreso de la Angostura, Febrero 15 de 1819.  “Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia, (…) Un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud; que el imperio de las leyes es más poderoso que el de los tiranos. Saber y honradez, no dinero, es lo que requiere el ejercicio del Poder Público”
[2] Mario Bunge, Las Ciencias Sociales en discusión., Ed. Sudamericana 1999
[3] Immanuel Kant, La Paz Perpetua, textos preliminares y definitivos. Ed. Porrúa, Mexico 1990. “Un estado no es un patrimonio o un haber. Es una sociedad de hombres sobre la cual nadie, sino ella misma, puede mandar y disponer” Pág. 217 (…)” En cambio, en una constitución en la cual el súbdito no es ciudadano, en una constitución no republicana, la guerra es la cosa más sencilla del mundo. El jefe del Estado no es un conciudadano, sino un amo, y la guerra no perturba en lo más mínimo su vida regalada, que transcurre en banquetes, cazas y castillos placenteros. La guerra, para él, es una especie de diversión, y puede declararla por levísimos motivos, encargando luego al cuerpo diplomático –siempre bien dispuesto- que cubra las apariencias y rebusque una justificación plausible” Págs. 222-223

[4] Octavio Paz, Pequeña Cronica de grandes días,  Pág. 92 Ed. Fondo de Cultura económica 1990