MI EXPERIENCIA EN EL PLAN ESTRATEGICO 2014-2025 III PARTE (Especial para el Mercedino de la Villa)
En esta entrega justificamos nuestras propuestas de Educación Bilingüe obligatoria (enseñanza de inglés y castellano) en todos los colegios de la ciudad y las de ampliación y construcción de nuevas bibliotecas, hasta alcanzar un millón de volúmenes en una biblioteca central de la ciudad emplazada en la hoy casa de la cultura, construyendo un edificio autónomo de 3 a 5 pisos con subsuelos, con la cantidad de salas y naves necesarias para su funcionamiento y que respete el entorno arquitectónico del viejo mercado (no como el informe poliderportivo que destruyó la estética de la escuela normal) y por otra parte el establecimiento de convenios con bibliotecas virtuales del mundo, teniendo así acceso a millones de volúmenes para los niños de Villa Mercedes.
De escribas y libreros
La vida democrática necesita de un pueblo letrado. Aunque ello sólo no basta para la convivencia pacífica. No olvidemos a Mussolini o a Hitler quien que fue elegido por el pueblo mejor formado de Europa. Conocimiento y desarrollo están ligados. La UNESCO afirma que un alfabeto es un ser que ha adquirido conocimientos y competencias en lectura, escritura y aritmética indispensables para su desarrollo individual y para el de la comunidad. La National Science Foundation va más lejos todavía al afirmar que el ejercicio adecuado, consciente y responsable de los derechos democráticos de un ciudadano depende cada vez más de la comprensión de la ciencia. Y esto tiene sentido, ¿cómo opinarían los contribuyentes en un plebiscito sobre la utilización de células madres o troncales para mitigar dolencias como el Parkinson, el Alzhéimer, la Leucemia etc. si no están en condiciones de entender qué son las células madre y como se obtienen? Además de sopesar los alcances éticos de tales prácticas. En términos de la evolución humana, la escritura es joven, sólo 5 mil años nos separan de su nacimiento. Desde los primeros lenguajes de señas y jeroglíficos hemos llegado a las lenguas modernas. El primer alfabeto del que se tienen noticias es el Ugarítico, surgido 1500 años antes de nuestra era en las costas de Siria, unos siglos más tarde los Fenicios llevarían su alfabeto consonántico a la Grecia Antigua donde sería enriquecido por las vocales. En el medio se desarrolló la escritura sumeria que sería adoptada por los acadios. Y que siglos más tarde caería en desuso. La lengua de Súmer es la primer lengua muerta de la Historia, por la misma época apareció también la escritura china y la ya mencionada jeroglífica egipcia. En cada momento, hubieron idiomas que se expandieron más que otros, hoy el 80 por ciento del conocimiento archivado digitalmente y el 75% de la literatura científica se encuentra en inglés, el idioma inglés es entonces, tan importante como lo fue el griego en el siglo IV a C. y como lo era el latín en el siglo XV, aunque justo es señalar, la historia no siempre es lineal, mientras el griego fue el idioma de la razón, la democracia y el panteísmo, el latín fue por siglos el idioma de la opresión y el dogma, de la alianza entre la cruz y la espada, al par que se edificaban las grandes Catedrales hacia el cielo, crecía la Inquisición, y aquellos que no estuvieran dispuestos a arrodillarse ante las primeras eran quemados por la segunda. El Renacimiento y la Ilustración echaron mano al latín para comunicar sus hallazgos mientras que el romanticismo pudo ya usar las lenguas nacionales. El conocimiento dejaba de ser para una élite, y daba comienzo la universalización de los saberes. Y en este proceso fue fundamental La Reforma, al conseguir, la firma de la paz de los Ausburgo (1555) que ganaría para occidente el principio de tolerancia religiosa Cuios Regio, eius religio. Al permitir la libre interpretación de los textos sagrados se inició la impresión de biblias y textos de estudio en lenguas vernáculas. Hemos dicho también que Oxford, en Inglaterra, una ciudad no mucho más grande que Villa Mercedes (153.000 Hab) posee una biblioteca con 9 millones de volúmenes. Para recuperar el tiempo perdido necesitamos bibliotecas modernas, ágiles, provista de lo fundamental a fin de poner a nuestros alumnos y a nosotros mismos en igualdad de condiciones con el resto del mundo. Tenemos que ser capaces de pasar del Scriptorium a los Bits, del códice al PDF, aunque en el camino dejemos –no sin dolor-, copistas, escribas, ilustradores y el viejo taller de imprenta. El papiro, proveniente de Egipto fue el soporte para la conservación de la memoria escrita en la Antigüedad, lo reemplazó en la edad media el pergamino (fabricado en la helénica Pérgamo, actual Bergama en Turquía), mientras que el libro de papel (que los chinos enseñaron a fabricar a los árabes en la toma de Samarcanda en el 751) sería el órgano difusor del humanismo, el motor del renacimiento y la ilustración. Así como Internet, en cambio, en nuestros tiempos, vino a repotenciar la modernidad. Ciencia y religión estuvieron ligadas en el Medioevo, pero se separarían para siempre en el siglo XVII. La imprenta permitió la multiplicación de documentos y forjó la tradición acumulativa de nuevos descubrimientos apoyados en los predecesores con la posibilidad de citar y argumentar. Quien quiera ahondar esta cuestión puede consultar el clásico trabajo The Printing Press as an agent of Change de E. Eiseinstein. En el siglo XV sólo el 10% de los hombres y el 1% de las mujeres sabían leer y escribir. El canónigo Gerónimo Lopez, al visitar el colegio de Tlatelolco escribía a Carlos V, a la sazón dueño de casi todo occidente, “Es bueno que los indios conozcan el catecismo pero saber leer y escribir es tan peligroso como acercarse al diablo”. En cambio la Iglesia Luterana de Suecia negaba la comunión a quienes no supieran leer ni escribir con lo cual hacia 1700 la mitad de la población ya lo hacía y 50 años más tarde la casi totalidad. Mientras que en la España católica la tasa de alfabetización era a finales del siglo XIX (casi doscientos años después) sólo del 25%. En nuestro continente y quizá en el mundo entero el primer antecedente de educación gratuita, universal y obligatoria es la Ley de la Corte de la Colonia del Estado de Massachusetts de 1647. La ley disponía que las familias debían disponer por sí mismo o por otros medios de la instrucción de los niños para que aprendieran a leer y escribir bajo pena de 20 chelines. Toda comuna con más de 50 casas estaba obligada a pagar un maestro y las que tuvieran más de 100 a tener escuela elemental gratuita. Ése fue el cimiento de la gratuidad del sistema de enseñanza norteamericano que dos siglos más tarde expandiría por todo el país el padre la educación Americana, Horace Mann, el amigo de Sarmiento.
Las grandes bibliotecas de la antigüedad (Alejandría, Pérgamo, Bagdad) sirvieron de centros conservación y transmisión del saber, iluminaron sus poblaciones y fomentaron el intercambio cultural. Allí llegaban sabios de todas las regiones en busca de estudio y erudición, el que más tarde, era compartido en las obras que nos legarían. Sin embargo, como todos sabemos, mucho material quedaría en el camino, a los múltiples escritos griegos desaparecidos hay que sumarle no pocos latinos, Photius en el siglo IX de nuestra era menciona y comenta 33 historiadores, sólo la obra de 13 de ellos ha llegado hasta nosotros. También ayudaron los libreros, los estatutos de la Universidad de París Promulgados en 1215 estipulaban que el librarius debía prestar juramento, hacer copias y difundir los textos de estudio. 28 libreros prestaron juramento entre 1328 y 1342. Algunas bibliotecas monásticas como la de la Abadía de Saint Gall también sirvieron a la preservación, pero serían los filántropos y mecenas los que jugarían el rol más trascendental en la transmisión de conocimientos a la sociedad civil, al mundo laico, Robert de Sorbon fundó en 1250 un colegio para acoger a los estudiantes pobres que quisieran continuar sus estudios en la Universidad de París, al que dotó con su biblioteca personal. Gran coleccionista de obras de arte y mecenas, Jean de France, conde de Poitiers y duque de Berry, supo convocar en su corte a los artistas, orfebres, pintores y escultores más reputados de la época. En el siglo XV Cosme de Medicis fundó la Biblioteca Laurenziana de Florencia. Dos siglos después John Harvard donaría la mitad de su patrimonio y toda su biblioteca personal para que el New College se convierta en la Harvard University. Más acá pero con el mismo afán de filantropía y humanismo San Martín y Bernardo de Monteagudo donarían la suyas para la creación de la Biblioteca Nacional de Lima y un tal Tomás Ferrari haría lo propio en Villa Mercedes. Mi encendida defensa de Internet no desentona con la que Francis Bacon hiciera de la imprenta, al afirmar en 1620 “La imprenta cambió el curso de las cosas en la tierra entera” Gutemberg logró, al igual que hoy la world web wide, universalizar el conocimiento. Escuelas conectadas a las mejores bibliotecas del mundo y docentes con regímenes de tutorías capaces de seguir y aconsejar a distancia a los alumnos, no mucho más necesita la humanidad para quebrar de una vez y para siempre el iletrismo. Al fin de cuentas, ¿para qué sirven las bibliotecas? Pues entre otras cosas, para que cada tanto aparezcan luminarias como Sebastién Châsteillon quien en 1554 en su De haerectis an sint persequendi, pudo escribrir “que los judíos o los turcos no condenen a los cristianos, y que tampoco los cristianos condenen a los judíos o a los turcos. «Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet, no defendieron una doctrina, mataron a un ser humano; no se hace profesión de fe quemando a un hombre, sino haciéndose quemar por ella», «Buscar y decir la verdad, tal y como se piensa, no puede ser nunca un delito. A nadie se le debe obligar a creer. La conciencia es libre»
Rubén Ferradás, FEBRERO DEL CATORCE
